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jueves, 12 de abril de 2018

2 poemas más de José Watanabe






LA RISA

Una cuadrilla de obreros
está desmontando una vieja casona de Barranco.

Con una venia de paseante les pido su consentimiento para
        mirarlos.
Desatan las paredes con barretas, ordenadamente,
hilada tras hilada
                         de adobe.
De repente un obrero llama a los otros
                         y señala
una larga hilada con profundas huellas de perro,
huellas fijadas por el sol de 1910
                         (según la fecha en el frontis de la casa)
Todos acuden y ríen,
largamente ríen, incomprensiblemente ríen.
                        Es que ellos saben,
han recibido la imagen de adobería de entonces:
tendales de adobe frescos y un perro distraído
caminando sobre ellos, imprimiendo sus patas,
y alguien, acertándole con un poco de barro: "¡zafa, perro zonzo!",
y perro zonzo huyendo, asustado y loco, dejando sus huellas
en el barro fresco.
Y eso dio risa,
muy seguramente que dio risa en la adobería de entonces.
Hoy esa risa se oye aquí, en estas bocas,
como un eco que demoraba, hasta que vino.


EL LÍMITE

Negras siluetas de pájaros de cartón pegadas en el vidrio
de los ventanales
advierten a los pájaros de vuelo distraído o ensimismado
que hay un límite en la transparencia del aire.
Los ventanales son sellados, herméticos al invierno
pero también a todo sonido.
En el mundo de afuera
no ladra el perro que, ladrando, espanta palomas,
no se oye la canción silbada del jardinero turco,
no crujen las hojarascas al rodar las bicicletas.
Esos movimientos perfectamente silenciosos
adquieren cierta ritualidad que nos asusta.
Los enfermos somos
una triste fila de ángeles de amplias batas para volar.
¿Quiénes serán nos preguntamos los cinco escogidos (de entre cien)
que volverán al mundo donde cada movimiento
dura con su sonido?
una desesperanza completa sería mejor que la incertidumbre
estadística.
Tienen razón esas negras siluetas en el vidrio, vistas
siempre en el borde difuso de nuestras miradas:
Hacia fuera
es más severo el límite en la transparencia del aire".


**José Watanabe, Poesía completa, Colección La cruz del sur, Editorial Pre-textos, 1ra edición 2005, 2da impresión 2013.

sábado, 31 de marzo de 2018

3 poemas de José Watanabe





FLORES DE PLÁSTICO

Cada uno de estos días del Señor
un vendedor demuestra en mi puerta
que somos menos perdurables que el plástico.

Y ya mi casa está llena
con diversos objetos garantizados irrompibles.

Pero este tiempo de Gracia
comprendiendo que nada puede ser ajeno a los afanes líricos
ha creado hermosas flores en humosos laboratorios.

La urgencia por entregar la primavera
es probable causa de algunas deficiencias:
no hay secreto placer entre el polen y el estambre
ni esa inmemorial premonición
que estremeció al hombre ante la flor marchita.

He visto algunas secretarias
vertiéndoles el perfume de su agrado.

Y a estas alturas
no debe sorprendernos una triste muchacha
deshojando flores de plástico junto a su ventana.



ACERCA DE LA LIBERTAD

Esta mañana han comprado un pájaro
                                             como se compra una fruta
                                                       un ramo de flores.

Dicen que Hokusai compraba pájaros para liberarlos.

También Leonardo
                      pero midiéndoles el impulso y el rumbo.

Posiblemente en la infancia he pintado pájaros
pero jamás les he hallado relación exacta con los aviones.

Estoy tentado a liberar este pájaro
                                            a devolverle
                  su derecho de morir sobre el viento.

Me van a pedir razones.

Sentiré la obligación de hablar acerca de la libertad
pero mi familia que es muy lógica
                                        dirá que afuera solo
                                                      con el viento
                                                      a ver qué hago.



LAS MANOS

Mi padre vino desde tan lejos
cruzó los mares,
                caminó
                 y se inventó caminos,
hasta terminar dejándome sólo estas manos
y enterrando las suyas
                              como dos tiernísimas frutas ya apagadas.

Digo que bien pueden ser éstas sus dos manos
encendidas también con la estampa de Utamaro
                                               del hombre tenue bajo la lluvia.

Sin embargo la gente repite que son mías
aunque mi padre
multiplicó sus manos
                    sólo por dos o tres circunstancias de la vida
o porque no quiso que otras manos
                        pasasen sobre su pecho silenciado.

Pero es bien sencillo comprender
               que con estas manos
también enterrarán un poco a mi padre,
                               a su venida desde tan lejos,
                      a su ternura que supo modelar sobre mis cabellos
cuando él tenía sus manos para coger cualquier viento,
                                                               de cualquier tierra.



**José Watanabe, Poesía completa, Colección La cruz del sur, Editorial Pre-textos, 1ra edición 2005, 2da impresión 2013.