miércoles, 25 de abril de 2018

4 poemas de Paula Novoa





OTOÑO


7

Delante de mí camina una pareja:
él la abraza, firme.
Ella gesticula.

Los conozco desde siempre
pero no los detengo.

¿Por qué interrumpir el ritual
de dos que están solos
como antes de que yo naciera?


INVIERNO


6

Querías sacar el almendro
para construir nuestra casa.

Hoy,
escribo bajo su sombra.


PRIMAVERA


4

Todos estuvimos en un laberinto alguna vez,
matamos a un minotauro
y seguimos el hilo de Ariadna para salir.
Todos alguna vez versionamos nuestro propio mito.



VERANO


1

No sé si los grillos traen buena o mala suerte,
pero uno se posó sobre mi hombro
y cargué sobre él toda mi fe.


** Paula Novoa, El paso de la babosa, Cave librum editorial, 2018



lunes, 16 de abril de 2018

4 poemas de Hwang Ji-Woo






POR ESTA PUERTA


Si entras por esta puerta, encontrarás un espacio ancho
y si sales por esta puerta, encontrarás un lugar estrecho
porque en esta puerta reside la religiosidad:
Una hierba refleja
la totalidad de la hierba
Con venir de sí mismo
se puede ir y venir muy lejos,
muchos kilómetros
Cada vez que como, doy de comer a una paloma
echando una tercera parte de mi pan
y estoy encerrado
mientras encuentro mi cuerpo cada vez más transparente
Oigo mucho ruido del aleteo de los pájaros
que han entrado secretamente en mi tórax
Quisiera bajar
en una tierra cristalina


MEMORÁNDUM PARA EL ECO

Oh, hierba verde que brota y que se enciende
dentro del fuego, igual que mi cuerpo y alma encendidos
y borrachos por el vino. Ahí cerca, muy cerca
ahí donde, debajo del seto verde, se oye apenas el sonido
del agua más lejana
                                   (¿Dónde nos enterrarán o en qué valle nos oirán?)
saltan a la comba dos arcoíris
Y a su alrededor está colgada mi vida y su mundo



FLORES DE CEREZO BAJO LA LÁMPARA DE VAPOR DE MERCURIO

Florecían os cerezos
en la cuesta del parque de Sachik
y esto me daba tanto dolor
que me quedé locamente embriagado
por no poder aguantarlo más.
Las flores brotaron del más allá
para pasear por aquí bajo la lámpara de vapor de mercurio
para pecar, porque pecar bajo la lámpara es lo más hermoso que
hay en el mundo
por ejemplo, para besar a quien quiera
o romper la botella de aguardiente para marca la memoria de
         esta noche primaveral tan hermosa

Era algo así como aquel sentimiento de culpabilidad de que te
            morías
después de tu primera experiencia de masturbación en tu
            adolescencia
Y cuando caían todas las flores de una forma horrenda
como aquellas gotas de pecado que caían encima del excremento
yo ya sabía
que un día acabaría así mi vida

Ahora estoy añorando aquel pecado irrecuperable
esa luz criminal
que me dice por fin que la deje

Quisiera felicitarla, es lo único que quiero
este amor tardío
que despido hoy
y miro arriba como si fuera por primera vez
la lámpara de mercurio entre las flores de cerezo
que ha iluminado más esplendorosa esta vida mía.



EL MAR ILUMINA AL ANOCHECER

Un chorlito está de pie con una pata larga y mira de reojo
          distraído
y somnoliento el mar que ilumina más al anochecer.


**Hwang Ji-Woo, no brilla la luz verdadera, Bajo la Luna, 2011,Traducción de Yong-Tae Min



jueves, 12 de abril de 2018

2 poemas más de José Watanabe






LA RISA

Una cuadrilla de obreros
está desmontando una vieja casona de Barranco.

Con una venia de paseante les pido su consentimiento para
        mirarlos.
Desatan las paredes con barretas, ordenadamente,
hilada tras hilada
                         de adobe.
De repente un obrero llama a los otros
                         y señala
una larga hilada con profundas huellas de perro,
huellas fijadas por el sol de 1910
                         (según la fecha en el frontis de la casa)
Todos acuden y ríen,
largamente ríen, incomprensiblemente ríen.
                        Es que ellos saben,
han recibido la imagen de adobería de entonces:
tendales de adobe frescos y un perro distraído
caminando sobre ellos, imprimiendo sus patas,
y alguien, acertándole con un poco de barro: "¡zafa, perro zonzo!",
y perro zonzo huyendo, asustado y loco, dejando sus huellas
en el barro fresco.
Y eso dio risa,
muy seguramente que dio risa en la adobería de entonces.
Hoy esa risa se oye aquí, en estas bocas,
como un eco que demoraba, hasta que vino.


EL LÍMITE

Negras siluetas de pájaros de cartón pegadas en el vidrio
de los ventanales
advierten a los pájaros de vuelo distraído o ensimismado
que hay un límite en la transparencia del aire.
Los ventanales son sellados, herméticos al invierno
pero también a todo sonido.
En el mundo de afuera
no ladra el perro que, ladrando, espanta palomas,
no se oye la canción silbada del jardinero turco,
no crujen las hojarascas al rodar las bicicletas.
Esos movimientos perfectamente silenciosos
adquieren cierta ritualidad que nos asusta.
Los enfermos somos
una triste fila de ángeles de amplias batas para volar.
¿Quiénes serán nos preguntamos los cinco escogidos (de entre cien)
que volverán al mundo donde cada movimiento
dura con su sonido?
una desesperanza completa sería mejor que la incertidumbre
estadística.
Tienen razón esas negras siluetas en el vidrio, vistas
siempre en el borde difuso de nuestras miradas:
Hacia fuera
es más severo el límite en la transparencia del aire".


**José Watanabe, Poesía completa, Colección La cruz del sur, Editorial Pre-textos, 1ra edición 2005, 2da impresión 2013.

lunes, 9 de abril de 2018

2 poemas de Juana Bignozzi





Para llegar a los hombres de mi vida
-no fueron muchos y sobre todo no los muy esperados-
algunas mañanas atravesé un cementerio y un río
años antes cruzaba inmensos parques al amanecer
y me destrozaba los ojos en el humo de un café
hasta llegar a estas escaleras que no llevaron a parte alguna
ni cielo ni infierno
servidumbres dulces servidumbres
premio de las cuales fueron
abiertas tumbas sombras de panteones


*

he pasado cientos de domingos a solas con tu voz
dibujando tu dedicatoria
hoja perdida en los vaivenes de tu ánimo
nunca logro organizar los días por mí misma



**Juana Bignozzi, La ley tu ley, Poesía reunida, 2da edición, Adriana Hidalgo Editora

viernes, 6 de abril de 2018

3 poemas de Leopoldo Castilla







POBLACIONES

Del carbón, del petróleo
brotan metálicas
con el aguerrido desorden
de los campamentos,
resplandecientes
como muchos peces a los pies del mar.

Todo esplendor devora:
al atardecer
el sol dora las chapas
y las ciudades se ajustician
                   en un quirófano de oro.

Después se hielan.
Brillan como cuchillos.

Y nievan,
              negras,
                         las horas en blanco.



CANCIÓN DE PUERTO VARAS

El agua en vela
no alcanza la orilla

se le va de las manos la idea de la tierra

la orilla
tentadita
la llama la persigue
con las luces de su ceguera

y se le hace agua la boca
                                      de solo verla.

En el lago Puerto Varas
hay infinitos
                      que nunca llegan.



LA ÚLTIMA HORA


En esta hora el mar
hace los peces

la marea baja,
y una larga doncellez
extiende la arena
donde se descalza el agua.

El espejismo descarnó a los hombres
y sólo queda
            la lejura
               de un pájaro.

Ni la soledad sobrevive.
Todo está ido,
despenándose
         en el viento.

Si era fuego la primer comarca

el primer mar
                  fue el silencio.


**Leopoldo "Teuco" Castilla, Coirón, Ediciones del Zorrito, 2011

lunes, 2 de abril de 2018

3 poemas más de Valeria Pariso






10


Si hubiera un castigo -dijo-
sería
no poder
quitar su nombre
ni con uñas,
ni con bueyes,
ni con tinta,
del lugar de la esperanza.


20

Pienso en la belleza del viento cerrándonos los ojos.


40

Del desierto al poema
los pasos son de viento, de sed.
Podría aparecer una flor roja.

Que tu mano me lleve
al lugar de la duda.


**Valeria Pariso, Del otro lado de la noche, El mono armado 2015

domingo, 1 de abril de 2018

3 poemas de Valeria Pariso




2

Despertar: los libros sobre
la mesa de luz / tus manos / las
paredes / las persianas /
el televisor / la tacita de té.

Lo veo. Lo estoy
viendo. / No me rendí. /
No me rendí.


12

Y qué de este entusiasmo /
como si hubiese visto un puente /
un puente devastado / con memoria de
pájaros y palabras sagradas. /
Y vos lo recordaras.
Y a mí no me doliera.


13

Donde termina esta casa existe un muelle.
Un muelle sirve / básicamente / para
dos o tres cosas / primero: para leer
poesía en la parte de abajo / segundo: /
para esperanzarse en la parte de arriba / y tercero:
para fotografiarlo / o dibujarlo / o inventarlo /
según la desesperación / con que se necesite
un muelle.


**Valeria Pariso, Donde termina esta casa, Ediciones de la eterna, 2015