sábado, 11 de mayo de 2019

6 poemas de Marisa Negri





CEREMONIA DEL TÉ NOCTURNO


I

Una mujer acaba de dormir a los niños
y con paso delicado atraviesa
la única habitación de la casa hacia el calentador,

hierve agua en un jarro enlozado
estira su mano hacia la lata azul
abre el té de jazmín
y aspira

también este dolor
pasará.



II

Las burbujas ascienden con el calor
y ella cuida el agua,

la respiración acompasada de los hijos


bebemos té para olvidar el ruido del mundo.



III


Las hojas se despliegan.

Otra mujer las escogió en la penumbra
de un tostadero de Ceilán.

También su hijo
dormía.



IV

Mientras bebe su té
el vapor empaña el vidrio de la ventana
el cuerpo cansado
agradece

en el fondo de la taza una flor blanca.


LA RECOLECTORA DE TÉ SUEÑA CON OSEN KASAMORI


No será la más admirada de Edo
ni subirán las escaleras del templo para verla pasar;
su línea delgada que apenas hace sombra
las manos blancas que llevan el chawan.

Ella es la otra mujer,
ha cargado sobre su espalda a un niño que lloraba,
sus dedos menos delicados
cosecharon las hojas más tiernas del árbol de té.

No hay luna esa noche.
¿La bella Osen dormirá debajo de su mosquitero?

No hay luna esta noche,
la recolectora enciende su farol de papel,

en la oscuridad cerrada del jardín
ha florecido el ciruelo.



COSECHAR EL TÉ


Un camino de tierra colorada
sube hacia las plantaciones
el suelo es escarpado
las mujeres llevan vendas en los tobillos
el mar de hojas trepa por sus cinturas

bajo la amable sombra de un alero
se mecen los canastos de bambú
acunan infantes que berrean
el sopor de la tarde los envuelve

la anciana canta mientras bebe su té.



JUEGO DE TÉ


En un antiguo monasterio de montaña
transcurre otro episodio
del esplendor del té.

Los bebedores baten el brebaje hasta formar espuma
dibujan flores y dragones con una vara de bambú.

La mano hábil del monje Eisai
escribe poemas enteros
en la brumosa superficie dorada.


CHAI MASSALA

Los bengalíes nunca beberán té inglés
saldrán a la calle a comprar su chai
en el Dia de los muertos.

Lavarán toda pena
en la distancia perlada del agua.



ALMOHADA DE TÉ


Entre el despertar y el dormir
hay un tiempo íntimo.

El brazo del amante rodea
la respiración se aquieta
y los grillos apenas cantan fuera de la casa.

Caen en el sueño
la oscuridad una tela pesada sobre los párpados

apoya la durmiente su cabeza en la almohada de té,
las hojas sueltan un rumor perfumado.

Todo espíritu que duerme acompañado
viaja entre hojas del otoño.

En el pálido temblor de las bujías
el amor.


**Marisa Negri, Kasu, La gran Nilson 2019 1ra ed.-


miércoles, 1 de mayo de 2019

Lea el PRÓLOGO (Santiago Sylvester y Jorge Aulicino sobre El tabernáculo, de Ricardo Molinari)

  





A la generación de Ricardo E. Molinari le tocó dejar consolidada una tradición propia en la poesía argentina. A fines del siglo XIX y comienzos del XX ya había habido antecedentes fundamentales: la gauchesca y el modernismo, además del aporte anónimo del cancionero popular. Las bases, por lo tanto, ya estaban puestas, con materiales sólidos y de buena calidad; pero aún no había cuajado un perfil más abarcador, reconocible como propio con el que fuera posible atender ese reclamo imperioso que, como suelen ser los reclamos ciegos del futuro, ya estaban haciendo el siglo XX.
  La llegada del Río de la Plata de la renovación formal, que se había iniciado en Europa con las vanguardias, cayó de pleno en lo que, andando el tiempo, se llamó generación martinfierrista: ese grupo literario que en nuestro país fue, posiblemente, y referido a la poesía, el más importante de todo el siglo, ya que es posible opinar sobre el siglo XX en su totalidad. Un rápido repaso de nombres propios permite ver su dimensión: Borges, Girondo, Marechal, Storni, González Lanuza, Mastronardi, Rega Molina, González Tuñón, Nalé Roxlo, y con estos poetas la lista no se acaba. EN esta lista, y en sitio de preferencia, se encuentra Molinari, con una obra desplegada y, como ocurrió con los poetas de esa generación, distinta de las otras, porque todos ellos respondieron a proyectos, más que grupales, personales.
  Entre los poetas de esa generación existió en común el inevitable viento de época, algunas lecturas y el planteo explícito (recogido en algunos textos teóricos y programáticos) de actualizar la poesía rioplatense y conectarla con propuestas de otros lugares del mundo. Pero cada uno eligió un cuadrado distinto del tablero, y lo llenó.El resultado fue un magma renovador de donde surgió la poesía contemporánea, que abarcó todo el siglo y que, con las alternativas necesarias, que sigue mandando señales hasta hoy.
  En ese grupo, Molinari no fue vanguardista ni, estrictamente, rupturista: se sumó de otro modo al proyecto generacional.
  Aprovechó la libertad que le ofrecía esa "belleza convulsa" (en expresión de André Breton), pero desde su primer libro hizo saber que sus intenciones, sus preocupaciones literarias, el catálogo de sus propuestas y palabras, tenían que ver  con la poesía medieval, las cantigas del galaico-portugués, el siglo de oro español o el cancionero popular, aunque todo eso estuviera concebido desde el punto de vista del que se reconoce parte de su época. Es decir, su visión de la lírica tradicional no tendía a lo mimético (en este caso no estaríamos interesados hoy en su poesía) sino al replanteo de lo formal. Un poeta respetuoso (conocedor) de la tradición, que, a la vez, revisó la materia poética con la intensidad del siglo que le tocó vivir.
  O tal vez habría que decir que Molinari se aplicó a la tarea de reinterpretar la tradición y, por lo tanto, de aceptar de ella lo que le venía bien: es decir, trabajo de selección. Esto le posibilitó la tarea más compleja de expresar su fuerza creativa y hacerlo con las herramientas de una época  que se obligó a conocer. Molinari fue un maestro en lleva a cabo estas operaciones mentales que, como síntesis, lo convirtieron en un excelente lector de la tradición: el que revisa a fondo sus propias lecturas.
  Ricardo E.Molinari nació en 1898, en Buenos Aires, y murió en la misma ciudad en 1996. Abarcó, pues, todo el siglo. EL hecho de que en estos días su obra haya sufrido un relativo olvido, y que sea muy difícil encontrar alguno de sus muchos libros en las librerías, solo señala nuestras limitaciones, algo que a él mismo no lo sorprendería, no solo por modestia, sino por haber conocido a fondo su país, "esta nación desmemoriada", como la designa en más de un poema, refiriéndose lógicamente a otras cosas. 
  Su influencia en las generaciones posteriores, sobre todo en la del cuarenta, es evidente. El verso amplio, marcadamente lírico, atento en lo formal a la metáfora y la imagen, y en lo temático a la naturaleza, vino a abonar un momento de predominio, precisamente, de lo lírico y lo celebratorio. EL marcado interés con que seguía su poesía en todo el país hizo sentir su influencia de un modo diverso: grupos importantes como La Carpa o Tarja, en el norte, la leyeron con beneficio, y se la puederastrear en obras tan distintas como la de Manuel Castilla, Raúl Araoz Anzoátegui, Jorge Calvetti o Raúl Galán. Aquel poeta atento a los grandes ríos, al viendo en los cardales, a los árboles, a los pájaros lejanos, a los hechos de la historia patria, con tendencia al mito, y en general al destino sudamericano, tenía que impactar en quienes, pragmáticamente, querían cantar al hombre en su paisaje, nombras las plantas y la fauna: marcar y amojonar el terreno concreto donde vivían; y que, a la vez, necesitaban actualizar el lenguaje de la celebración. Molinari no perteneció a eso que se llamó "literatura de la tierra", como los poetas del noroeste que he nombrado, pero tuvo una zona de frontera con ella: una especie de medianera lírica, poblada de paisaje rural, que colindaba con ese canto americano que comenzaba en México y terminaba en la Patagonia. Tal vez Molinari tenía un aliento más metafísico, una idea espiritualizada que lo separaba de la materia en gestación: algo subjetivo, a veces doloroso, que lo elevaba por sobre el paisaje; y no parece casual que su poesía esté visitada por ángeles e invocaciones místicas. Pero la comprensión del paisaje, y el hecho visible de caerlo en cuenta como parte esencial de su poesía, lo acercó a esa línea poética y, en alguna medida, lo incluyó entre los referentes de aquellos grupos del norte. Por razones distintas (tal vez precisamente las metafísicas), y en esto se reconoce la amplitud de su propuesta, también fue, por la misma época, un claro precedente de un sector importante de la poesía del Río de la Plata. 

  La primera edición de El tabernáculo llevaba ilustraciones originales de Federico García Lorca que se reproducen en esta. García Lorca fue amigo personal de Molinari, como casi todos los miembros de la generación del 27; esto nos lleva a la paradoja conocida de que, en esa época, la relación entre poetas de la lengua era mucho más fluida que en esta era de la comunicación: beneficio para las dos orillas. La relación de Molinari, y en general de todos los integrantes del grupo Martín Fierro, con sus equivalentes españoles, se nota no solo en lo anecdótico de unas ilustraciones, sino en los propósitos más profundos de la poesía de ambos países: hay coincidencia de búsquedas.
El tabernáculo fue publicado en 1934 y no fue reeditado nunca hasta ahora. La importancia de esta reedición, además de las razones generales, se hace más evidente si se recuerda que la primera edición solo constaba de ciento sesenta y tres ejemplares.
  Transcribo a continuación el colofón de El tabernáculo en su primera edición para mostrar la minuciosidad con que trabajaba este poeta: "De esta obra se han impresociento sesenta y tres ejemplares: uno en lapel Auvergne, dos en Fabriano Perusia, cinco en Whatman, y cinco en hilo Fabriano, marcados de A a M; todos ellos fuera de comercio y firmados por el autor, y ciento cincuenta en papel Ingres, numerados del 1 al 150, todos los cuales constituyen la presente y única edición"; y agrega más adelante: "fue impreso este libro en la ciudad de Buenos Aires, en casa de D. Fco. A. Colombo. Acabóse el veinticuatro de Agosto, año de 1934. Laus Deo".

Ediciones del Dock publica esta poesía 
                                       que vuela en pensamiento, no en espacio
                                       y no se apoya en aire sino en tiempo.
Son versos de Juan Ramón Jiménez: le hubiera gustado a Molinari verlos aplicados a su poesía. 



Santiago Sylvester
Buenos Aires, 2001


"Todo es breve, inútil y suspenso"*


  En 1985, un auto chocó contra todo y, en la carambola, golpeó a un anciano peatón que todos hubieran dicho que iba distraído. El accidente arrojó al poeta Ricardo Molinari, entonces de 87 años, a una clínica de traumatología y a cierta consideración pública. 
Resultó que era uno de los mejores poetas argentinos y no tenía un peso para pagar su tratamiento.   Los diarios se hicieron eco de la lamentable situación y hubo colectas, más la buena voluntad del dueño de la clínica, para ayudar en su lenta recuperación a este hombre casi abstracto. Del accidente salió Molinari casado con la poeta Ofelia Zúccoli Fidanza. Y el año siguiente recibió el premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes con el que los funcionarios culturales intentaron hacer alguna justicia frente a quien era considerado por sus pares estrictamente un maestro de la poesía, algo quizá más inasible pero tal vez más esencial que un escritor importante. Molinari dijo entonces a Clarín con tranquila desfachatez: "Qué quiere que le diga... esta distinción significa dinero (eran 10.000 australes), independientemente del valor espiritual... Me permitirá paliar algunos problemas":


El espacio y las nubes


  Era tipo de espacios abiertos. Nacido en Villa Urquiza, que por entonces era quintas y campo, la poesía de Molinari se acercó a las vanguardias que se debatían entre los célebres grupos de Florida y Boedo, para hacer más sorprendente el adjetivo y más afinadas las imágenes, antes que para aprender el ingenio y el estruendo.

  Francisco Luis Bernárdez recuerda que en las tertulias con Leopoldo Marechal, con Jorge Luis Borges, en los años veinte, aquel muchacho "mudo y sonriente" sufría cierta impaciencia al llegar a cierta hora. Era la hora en que salía el último tranvía para Villa Urquiza. "¿Qué hacer de nuestras vidas, María del Pilar?", podía escribir por entonces en medio de versos delicados y engañosamente simples que hablaban de árboles y nubes.

  Publicaba en ediciones privadas un libro tras otro. Fueron tal vez setenta, que si se quiere componen un poema único. Así lo entendió la crítica cuando en 1975 aparecieron sus obras completas bajo el título Las sombras del pájaro tostado. En el agua fluida de ese largo poema que se encuentran a veces algunas palabras sólidas, pero en general la lectura de Molinari deja la sensación de que no se leyó estrictamente nada -nada que pueda contarse, recordarse- y que se ha tenido una experiencia que impresionó.

  "Vivo en mi mundo extraño, / alegre y firme / como un dormido." Un tipo de cara oscura y pelo de algodón, de palabras que se veían en el aire seguidas de puntos suspensivos, pero de ojos negros analíticos, fue lo que la prensa descubrió cuando se enteró, en 1985, que en una clínica traumatológica intentaba reponerse el poeta que muchos consideraban uno de los grandes de América, de la primera mitad del siglo, a la par de cualquiera que se mencione. EL crítico inglés J.M Cohen dijo que esos hombres eran cuatro: el chileno Pablo Neruda, el peruano César Vallejo, y el mexicano Octavio Paz y Molinari.

  Un creyente en busca de un dios, un tipo de inusitadas propuestas -"Completar un mate, peinar un muerto" eran cosas del orden de la vida que él creía debían saberse-, su obra giraría entre la apología de lo fugaz y la decepción: "Todoes breve, / inútil / y suspenso", podría haber dicho con Mozart-, si terminó por crear una figura, un ícono de sí mismo, este fue el de la sombra de la literatura nacional, el eterno hombre secreto, cuya imagen, piel oscura, pelo blanquísimo, parecía justamente un negativo fotográfico. 


Jorge Aulicino

*Se reproduce sin modificaciones el texto publicado por Clarín en 1996 junto al obituario de Ricardo Molinari. 




Fuente: El tabernáculo, Ricardo Molinari, Ediciones del Dock 2019. Dibujos de Federico García Lorca, prólogo por Santiago Sylvester y Jorge Aulicino. 

martes, 30 de abril de 2019

6 poemas de Santiago Kovadloff






EL DÍA


Despertar en la cuadra donde vivo induce a confusiones:
trinan los jilgueros, hay un piano matutino
y el agua mansa de un jardín murmura en la ventana.

Sepultado en ese suelo de ensueño y de pereza,
yace sin embargo el doblez de las palabras,
el áspero cemento en que circulo,
el perfil súbitamente extraño de tu cara.

Bastará abrir los ojos para soltar la jauría.


*


ASCENSO DE JUAN SEBASTIÁN


La pequeña sonata de Bach busca el sitio donde vivo.
Deja atrás el cuarto piso que brota,
burla una descarga de inodoro,
la voz metalizada de un televisor,
sube y perfora un espeso olor a frito,
paredes plastificadas,
ventanas de blindex,
un cerrojo inoxidable,
y arrastra y barre, en su camino hacia lo alto,
cartas, cuentas, guantes, dudas,
tu lamento de olvidada
y los restos del hombre impuro
que ocupa mi habitación.


*


IOM KIPUR


Mi hija, Señor, no es como yo la quise
ni yo, Señor, como ella me soñó.

Aun así,
sentados y en ayunas,
los cuatro juntos
miramos televisión.


*


DE NOCHE EN EL CAMPO


Estalló un madero en la oscuridad.
Fue un quejido seco, claro.
Vino de una pared del ropero
o vino del respaldo de una silla.
No fue un ruido venido de afuera.
No fue el paso de un intruso.
No fue el eco desvelado
de un animal que deambulaba.
Fue un madero.

Crujió y se hizo oír
quizá al cabo de muchas horas
días acaso, meses soportando
la presión de lo indecible.

No hay lugar a confusión: oí un madero.
Un madero que gime como un alma.
Estalló en la oscuridad.



*


HOGAR


Llueve copiosa, llueve amorosamente.
Pero el bullicio de la radio en la cocina
impide oír la lluvia
con la intimidad que yo quisiera.

Hay en toda la casa
una luz conmovedora, leve y acerada;
luz del día decantado por la fuerza de la lluvia.
Busco entonces la sala
para escuchar llover como quisiera.
Pero en la sala, mi hijo y sus amigos
aguardan jubilosos el almuerzo,
y en el cuarto, mi mujer
ríe y habla por teléfono.

No hay dónde escuchar la lluvia.
Es una pena.
No siempre llueve así, con abundancia,
no siempre con grandiosa plenitud.

Está visto: una casa feliz
no es lugar para oír la lluvia.


*


AMANECE


Es curioso: oigo llover y a la vez cantan los pájaros.
Podría ser que el agua recién comience a caer
y que los pájaros aún no lo hayan advertido.
O podría ser que los pájaros lo hayan advertido
y estén, en realidad, dejando de cantar.
Pero podría ser también que haya empezado a llover
y que los pájaros lo sepan
y aun así se larguen a cantar,
y que por fin haya nacido el día inesperado.




**Santiago Kovadloff, Hombre reunido, Poesía 1978-2016, Emecé 2016

domingo, 7 de abril de 2019

5 poemas de Irene Gruss





TORCÉS LA ANÉCDOTA


Se trata de aliviar el lado sufriente de las cosas,
mirar hacia otro lado. Él llama a esa insulsa y a vos te dice
cortala, vos intentás disipar la niebla escuchando a los
pájaros.
Ese árbol, allá, un lado de tu cabeza te pide
hacé un objeto estético,
decís después, más tarde, cuando la bruma pase
como la de la mañana temprano;
O cuando te vas y tus hijos preguntan, preocupados,
¿hablaste con alguien?; les mentís amablemente,
torcés la anécdota.
Leés a una chica moderna, escribe con violencia, como si la
molieran
a palos o tuviera un dolor de encías insoportable. ¿Para qué
esto?,
¿lo ves? Descifrás, abrís esa caja donde el aire cabe
y exhalás, tranquila.
EL mar no ruge, no brama ni aúlla, no tiene furia ni
es sereno o plateado o verde o azul;
es más pequeño que Dios.
Lo que importa ahora es disipar la niebla.


*


FALSO TERRITORIO


Dejó de arder. No el leño
sino el ímpetu,
la gana, lejos,
allá.
No llego allá. No hay allá.
Lo que importa es que dejó de arder.



*



EL QUE LLAMA NO ES ÉL


Suave como muñón, el aire acaricia mi cuello.
Desvalida, yo, veo una mariposa roja entre el aire frío; se
divierte,
sigue, nada le pesa.
Curioso cómo afronta el día, este sol tempranero.
Yo sin dormir y ella flotando afrontándolo todo.

*El título pertenece a María Moreno


*


SALUDO AL VIENTO


Esa mata de pasto sacudida por un ventarrón,
así, por fin me veo débil,
como si el viento esta vez fuera a arrancarme como a una
mata de pasto
recién crecida allí en la duna, volteada y débil: esto es
nuevo.


*


ENTRE LA PENA Y LA NADA


Habría que nacer riendo a carcajadas
como hilo de fe, como costumbre.
Pero amor y dolor es lo que expulsa.

Curioso, la gana del llanto primero,
"que grite, que llore, que respire de una vez",
y el alivio, así. Curioso, la palmada en la nalga.

Y luego chupar, prenderse, y el hambre: la necesidad.

Saciados o no, a dormir
se ha dicho.

La mañana y la noche,
asombro por lo que hace la luz con uno.

Y el despertar y el moverse;
crecer, dormir.

El cielo es otro mundo. La calle
es otro mundo. El otro
es otro.

La risa llega después. Como
alegría o canto.

La burla llega después, y
es puro rictus, pura alegoría.

Hay dicha entre la pena y la nada,
entre el sonido y la furia, la duda, el estertor.

Gracia y piedad. Sí,
como reír a carcajadas.



**Irene Gruss, Entre la pena y la nada, Poesía, Ediciones del Dock, 1ra ed.- 2015


4 poemas de Jorge García Sabal





EN LA VENTANA


Los patos, al amanecer, se van. En vuelo
despiden el agua, la escarcha, el musgo.
Los patos son como peces tranquilos
que no creen en el anzuelo; son patos,
solos, y sólo saben de la escopeta que mira:

por eso vuelan hacia ninguna parte, por eso
golpean, como a una puerta, el aire.




*


SITIO


Hice bien.
Esta noche tapé la jaula de los pájaros,
dejé sin luz a los peces que dormían
cautivos de un solo ojo, eché
por la escalera, justo en su última vida,
al gato.
Hice todo bien.
Ahora estoy solo y Billie Holiday me dice,
hamacándome, la voz llena de pasto y agria,
un cuento para dormir, un sueño. Ella
dice y cuenta cosas que conozco, hamacándome
suave, solos.

Ahora amanece, es el día para siempre.
Me hamaco. Estoy solo. Hice bien, todo bien.


*


NO DURARÁ

Ola de calor. Y después lluvia. Lluvia
que trae la ola de calor y lluvia. Se repite:
hace calor, hay lluvias: se repite: no durará.

Pero allí hubo, entretanto, tormenta, un cielo
enorme y gris atravesado por luces y bengalas
y estruendo. Algo así como el amor, el tiempo,
moscas que se atrapan aquí y allá, chispas
volando con sus patas de miel y repentinas,
instantáneas, tiesas, sucias, desmoronadas.

Ola de calor, lluvia, alas: eso que ahora raspa
la pared y hundido respira: hocico, charco
contra una luz sosa, descompuesta.



*


ELLA


La que anda por el patio y barre,
da agua a las gallinas, maíz,
y tiende ropa a secar, limpia.
La que hace frascos de colores y tapa
la miel, el higo, la cereza, y empieza
a esperar, esperar el momento
del ruido del tiempo: el secado,
lo engordado, la pulpa que macera
hilos agrios, jugos sórdidos, untuosos,
sabe del tiempo, de lo imprevisto
que llega y seca, da colores, mata.
La que va por su sombra, anda
por el patio, espera sin miedo
ni apuro ni renuncia:


                               ella
anda y barre, sonámbula, doméstica.



**Jorge García Sabal, Tabla rasa, Poesía, Ediciones del Dock, 2016, 1ra ed.-

miércoles, 27 de marzo de 2019

8 poemas de Pablo Dema







ENEMIGO ENEMIGO


1

Se ve a menudo el grosero ardid
de productores televisivos
que consiste en editar frases dichas
por un mismo personaje
a lo largo de su vida
para poner al descubierto
una supuesta falta de coherencia.

Amigo, sé que tu fiel memoria
ha registrado una a una todas mis necedades.
Igual que tus certezas,
mis principios fueron olvidados
o remplazados por otros.
Mes a mes,
semana a semana,
al ritmo del miedo a errar,
a ser rechazado,
a perderlo todo.

Nadie perdura en nosotros,
ni siquiera el oscuro rencor que nos tenemos.


2

Amigo,
anoche soñé con un grupo de personas
que conversaban en un patio.
Estaban rodeadas
de unas piedras muy pesadas
que habían ido a parar allí
sin que nadie supiera quién las había acarreado.
Y nuestros años de amistad eran esas piedras.
Algo pesado e inútil imposible de negar
imposible de mover.


3

Amigo,
cada minuto es turbio.
Aún los de los dulces dedos enredados
y los de tu sueño cruzado
por las pequeñas voces amarillas.
También ésos son opacos.
Resplanceden en cada momento
las perlas negras de la ira.

Pero tus horas de sufrimiento
estás jaspeadas de alegría:
un encaje de hojas y la luz de la tarde en la ventana,
la cercanía de la hora del café,
la presencia inesperada de unas yemas en tu nuca.

Cada minuto es turbio, amigo, lastimado por hebras
de luz.


MI NOMBRE ES NADIE


Amigos,
ahora que ya soy un hombre
y no quiero ser alguien
en la vida
me siento mucho más liviano.
Desde acá los veo
lanzar sus dentelladas
sobre un reflejo fugaz en el agua
que es precioso, sí,
pero no es oro.

Amigos, amigos...
no corran más,
todo lo que hay es de ustedes
pero no es oro
oro no.

VI LAS CARAS DE LAS MUJERES...


Vi las caras de las mujeres
reflejadas en las campanas de vidrio.
Uno de los bultitos
pesaba novecientos gramos.

Ese día,
se acabaron todos
mis problemas existenciales.

En un puño pequeño
habita para siempre
mi corazón indestructible.



UN HILO


Un hilo
de luz
fascinante
los une.

Como si sus auras nimbadas
no supieran todavía
la noticia que los cuerpos conocen.

¡Son dos!

El recién nacido
inventa a la madre
y no sabe que es el mundo.



POSICIONES


1

Te dormiste amamantando
con un brazo en la cadera
y el otro flexionado
sirviéndote de almohada.

Tomé a la beba para llevarla a su cuna.
La cabeza en una palma
y en la otra el resto del cuerpo ovillado.

¿Qué corriente invisible casi corto sin saberlo?

AL sentirme
apretó los labios
y quedó colgada de tu pecho:
colibrí lactante
libando en la más fragante flor.

Sentí una descarga en todo el cuerpo,
la dejé en tu regazo
y salí del cuarto a los tumbos
embriagado de amor.


2

¿Adónde más poner los ojos?
¿Qué batallas librar después?

En los confines de los campos literarios
se ven los destellos de los últimos egos
estallando en el cielo constelado:
ilusorias flores de luz extinta
viajando hacia la nada
de espaldas a la luz mayor en combustión.

¿Cuál sería la posición estratégica
para un corazón encendido
en esa coreografía de fuegos dispares?

Tu pupila roza la zona donde susurra mi voz.
En la intemperie sin fin ocupamos lugares comunes.



**Pablo Dema, Filos, Ediciones del Dock 1ra ed.- 2014



jueves, 21 de marzo de 2019

4 poemas de Viviana Abnur


En las manos de mi hijo. 


Como al descuido acariciás la hoja
acariciás mis poemas sin saberlo
sin mirarme
en la demora
de las últimas palabras
la seducción del muro que cae
apenas un instante
para coser los restos
¿habrá belleza que se iguale
a la demolición?



*


MI abuela cuidaba enfermos
cuenta
que si un hombre está por morir
deja caer la mano hasta el suelo
intenta clavar las uñas
y hasta el último segundo
hurga ahí desesperado
después cielo y tierra se funden a su palma
no se improvisa en vano dice
en ese borde


*

Roto         
roto el vaso
el hilo de luz el techo
la grieta enardecida del panal
las letras sueltas como piedras
rotas
astillas en la piel
y flecos

hemistiquio
nunca supe de partir
quebrar el hueso
en el lugar adecuado



*


Por el idioma que mascullo
pago un precio
de billete perforado
de monedita de bronce
el precio y la etiqueta cuelgan de la mano
no de la prenda


** Viviana Abnur, La pereza, poemas. Macedonia Ediciones 2018, 1ra ed.-